Caserío Lauzurika-Maturana: un testimonio vivo de la arquitectura rural y la historia de Hermua
Un caserío con siglos de historia
El Caserío Lauzurika-Maturana, situado en la calle San Martín de Hermua, constituye uno de los ejemplos más representativos de la arquitectura rural tradicional alavesa. Su valor histórico y arquitectónico motivó que fuera declarado Bien Cultural, con la categoría de Monumento, e inscrito en el Inventario General del Patrimonio Cultural Vasco mediante la Orden de 21 de octubre de 1994 del Departamento de Cultura del Gobierno Vasco.

La vivienda continúa habitada actualmente por la cuarta generación de la familia Lauzurika-Maturana, circunstancia que convierte este edificio en un patrimonio vivo. Hasta la generación anterior desempeñó su función tradicional como caserío de labranza, siendo el centro de la actividad agrícola y ganadera de la familia durante décadas.
Un ejemplo singular de la arquitectura popular alavesa
Aunque los caseríos forman parte del paisaje habitual de Álava, el Lauzurika-Maturana posee características que lo hacen especialmente singular.
Se trata de un edificio de notables dimensiones, compuesto por planta baja, primera planta y desván bajo cubierta. Su cubierta, a dos aguas, mantiene la tipología tradicional de los caseríos de la Llanada Alavesa.
La construcción combina mampostería de piedra con zonas enlucidas y sillares perfectamente trabajados en puertas y ventanas, elementos que aportan solidez y una gran calidad constructiva. Las pequeñas ventanas abiertas en fachada permitían iluminar el interior sin comprometer la estabilidad térmica del edificio durante los largos inviernos.

Precisamente esta conservación de sus elementos originales fue uno de los aspectos que justificó su protección patrimonial, ya que representa un magnífico ejemplo de la arquitectura rural-popular vasca, cada vez menos frecuente debido a las numerosas transformaciones sufridas por otros caseríos a lo largo del tiempo.
La vida alrededor del agua
Como ocurría en la mayoría de explotaciones agrícolas tradicionales, el agua constituía un elemento indispensable para la vida cotidiana.
Junto al edificio todavía se conserva un lavadero cubierto, una infraestructura que durante generaciones permitió lavar la ropa, abastecer determinadas necesidades domésticas y organizar parte de las tareas diarias.

Estos pequeños espacios eran también lugares de encuentro donde coincidían los vecinos del pueblo mientras realizaban labores cotidianas, formando parte de la vida social de Hermua.
Un descubrimiento excepcional: el horno original
Uno de los aspectos más interesantes del caserío salió a la luz recientemente, cuando apareció el horno original del edificio.
Lejos de tratarse únicamente de un horno para elaborar pan, la investigación realizada permitió comprobar que este espacio había desempeñado funciones mucho más amplias.

Todo indica que fue utilizado como:
- despensa para conservar alimentos;
- granero para almacenar cereal;
- refugio para viajeros que atravesaban el valle en dirección a Gipuzkoa.
Su diseño resulta especialmente curioso, ya que dispone de una entrada independiente por la boca del horno y una salida superior que comunica directamente con el pajar del caserío, permitiendo acceder al interior sin atravesar las estancias principales de la vivienda.
Este tipo de soluciones arquitectónicas muestran la extraordinaria capacidad de adaptación de los caseríos tradicionales a las necesidades de cada época.
El corazón de la vivienda tradicional
El horno se integra dentro de una cocina que conserva el ambiente de las antiguas casas rurales vascas.

Las gruesas paredes de piedra, las vigas de madera, la chimenea, los utensilios tradicionales y el mobiliario permiten comprender cómo era la vida cotidiana en estos edificios durante siglos.
En este espacio se cocinaba, se calentaba la vivienda durante el invierno y se reunía la familia al finalizar las labores del campo.
Un gran conjunto agrícola
El caserío no era únicamente una vivienda.
Constituía una auténtica unidad económica donde convivían personas, animales, almacenes y espacios de trabajo.

Junto al edificio principal todavía se conservan dependencias auxiliares que antiguamente servían como cuadras, almacenes de aperos, pajares y zonas destinadas al secado y almacenamiento de las cosechas.
La amplitud del conjunto refleja la importancia que tuvo la explotación agrícola para la economía familiar durante generaciones.
La evolución del caserío
Las fotografías históricas permiten apreciar cómo ha evolucionado el edificio a lo largo del tiempo.

A pesar de las mejoras realizadas para adaptarlo a las necesidades actuales, el caserío mantiene prácticamente intacta su volumetría original, así como buena parte de sus materiales tradicionales.
Los trabajos de conservación han respetado la esencia del edificio, permitiendo compatibilizar su uso como vivienda con la preservación de su patrimonio histórico.
Protección oficial del patrimonio
El valor del Caserío Lauzurika-Maturana quedó reconocido oficialmente mediante su inclusión en el Inventario General del Patrimonio Cultural Vasco.
La resolución destaca especialmente:
- su excelente conservación;
- su representatividad dentro de la arquitectura rural tradicional;
- el interés histórico del edificio;
- la escasa presencia de construcciones similares conservadas.

La delimitación del entorno protegido garantiza que tanto el edificio como su relación con el paisaje rural de Hermua puedan conservarse para las futuras generaciones.
Un patrimonio que sigue vivo
Más allá de su interés arquitectónico, el Caserío Lauzurika-Maturana representa la continuidad de una forma de vida profundamente ligada al territorio.
El hecho de que siga perteneciendo a la misma familia después de cuatro generaciones convierte este inmueble en un extraordinario ejemplo de conservación del patrimonio rural desde el ámbito privado.
Cada muro de piedra, cada viga de madera y cada estancia recuerdan una historia de trabajo, esfuerzo y adaptación al medio que forma parte de la identidad de Hermua y del municipio de Barrundia.
Hoy, este caserío no solo conserva la memoria de quienes lo habitaron durante siglos, sino que continúa siendo un referente del patrimonio arquitectónico alavés, uniendo pasado y presente en un edificio que sigue plenamente integrado en la vida del pueblo.
Ayuntamiento de Barrundia



